8 de julio de 2012

El pueblo que perdió la paz y se llenó de rejas y alarmas

Luego de que asesinaran a los hermanos Massa, los vecinos dijeron basta. Salieron a las calles a protestar por la inseguridad que empieza a llegar a sus barrios. Cómo cambió su vida por el miedo.

 

La carnicería ubicada frente al supermercado de Cañuelas donde hace una semana asesinaron a los hermanos Leonardo y Marcelo Massa tiene la vidriera enrejada . “Una sola vez me asaltaron con un arma. Después, fueron robos chicos: rompían la vidriera de noche, se llevaban la balanza y algunos chorizos. Habré tenido unos quince de esos y ahí contraté una póliza de seguro”, explica Néstor Marotene, que tiene 42 años y casi 30 detrás del mostrador.

Marotene nació y vivió siempre en Cañuelas. Cuando se le pregunta en qué ha cambiado este tranquilo pueblo bonaerense en los últimos años –por qué cada vez más gente decide enrejar ventanas, instalar alarmas y dejar gente en sus casas cuando salen de vacaciones– el carnicero contradice a quienes culpan a los focos de pobreza y les apunta a los ricos .

“Con la llegada de la autopista, hace unos diez años, se vino a vivir mucha gente de plata y ahí empezó todo. Es obvio que atrás vinieron delincuentes , porque acá ahora hay mucha guita: abajo de esa baldosa tenés 100 mil dólares, atrás de esa heladera otros 40 mil”, bromea mientras señala distintos puntos de su carnicería, enfundado en un delantal manchado con sangre.

El lunes pasado, más de mil vecinos de Cañuelas se reunieron alrededor de la Muncipalidad tras el asesinato de los hermanos Massa. Marcelo, un allegado a ellos, contaba que él no había visto nada parecido desde que a fines de los 80 asesinaron a la hija de un viajante del Molino Cañuelas durante un asalto y todo el pueblo se juntó en la plaza para velar a la nena.

Aunque la investigación del caso apuntó en un primer momento a una venganza personal, el reclamo de los vecinos del pueblo –que anoche volvieron a marchar (ver Otra ...

)– fue por “seguridad”. Valeria (31), una docente que vive en Cañuelas desde los tres años, cuenta que para ella la reacción “fue en respuesta a un crimen, pero también para pedir que ciertas cosas no lleguen a un pueblo pacífico . Hay miedo a que lo que veías en la televisión empiece a pasar acá, que nos tengamos que acostumbrar a cosas como la que vi anoche en el noticiero: un robo en el que le disparan a una embarazada”, dice.

Varios vecinos cuentan pequeñas anécdotas que para ellos han supuesto un cierto cambio en las formas de vida: la aparición de portones eléctricos “por miedo”; las rejas que antes cubrían los frentes ahora también aparecen en patios internos; un herrero que dice que en los últimos años mucha gente le pide puertas “a la vieja usanza”, con trancas de hierro.

“Son cambios muy lentos , pero yo sí me di cuenta que por ahí a las diez de la noche noto que dejé ropa afuera y no quiero salir. También me llama la atención que este año, por primera vez en mi vida, le pedí a un amigo que se quedara en mi departamento cuando salí de vacaciones. Mis viejos también le pidieron a un primo que al menos pasara por su casa a prenderles las luces de noche”, cuenta Valeria, que todavía recuerda el escándalo que se armó hace 15 años cuando alguien robó una bicicleta del patio de su escuela .

El Ciudadano , el diario local, reflejó esta semana estos cambios. “Cañuelas sufrió más de veinte robos y asaltos en una semana”, tituló, en referencia a saqueos a comercios de ropa, el asalto a un cíber, un golpe de motochorros y, una salidera. Uno de esos hechos delictivos generó otra noticia: la cabaña “Don Federico”, productora de vacas de raza, se fue del pueblo cansada de los robos .

El mismo gobierno municipal ha tomado medidas que revelan que el tema de la inseguridad se ha instalado en la agenda política de Cañuelas. Una fue la creación de una suerte de Policía civil que patrulla la ciudad durante el día, uniformada pero sin armas. Otra, la instalación desde 2009 de una serie de cámaras de seguridad (en principio seis, aunque hoy serían ya 31) monitoreadas desde un contenedor instalado en el estacionamiento de la Municipalidad. La última de esas medidas,una resolución de hace tres meses , exige que las agencias de lotería instalen rejas alrededor del mostrador y cámaras que graben las 24 horas.

Soledad Grande (27), empleada e hija del dueño de 14 agencias de lotería de Cañuelas, cuenta que aunque ellos ya habían puesto rejas en algunos locales, las cámaras fueron algo nuevo. “Mi papá empezó con un local hace 16 años y creció. Que yo recuerde, sufrimos unos 14 robos y todos en un mismo lapso de 2010 : uno fue a mano armada y en el resto entraron cuando no había nadie”, recuerda.

La referencia a la llegada de la autopista aparece una y otra vez en las charlas con comerciantes o vecinos de Cañuelas cuando se les pregunta por la pérdida de la tranquilidad. “La autopista trajo mucho crecimiento económico, nos acercó mucho al resto del mundo y quedamos en un punto estratégico : a 67 kilómetros de Buenos Aires, cerca de La Plata y camino a la Costa. Ganamos tiempo, pero esto también juega para la entrada y salida de la delincuencia”, dice Horacio Irigoyen (59), descendiente de una de las familias fundadoras de Cañuelas y pionero en la instalación de alarmas monitoreadas en casas particulares y comercios.

“Yo empecé hace 20 años con esto, acá las alarmas ni se conocían en esa época”, cuenta Irigoyen, que asegura que todavía hoy la mitad de los autos estacionados en las calles de la ciudad están abiertos y la mitad de las puertas de los zaguanes no tienen llave. “El tema de los robos empezó con las casas vacías, cuando te ibas de vacaciones; lo nuevo, te diría de los últimos tres años, son los robos con gente adentro de la casa . Igual acá muchos aún se resisten a dormir con las puertas cerradas o con una alarma puesta”, afirma.

El hombre de las alarmas dice que los robos a mano armada en comercios todavía son pocos y que por lo general los ladrones entran rompiendo una ventana por la noche. “Hace 10 días recibí un pedido totalmente nuevo : un cliente quiere instalar un sensor de alarma en el techo de su comercio, porque parece que ahora entran rompiendo las chapas de arriba”, señala.

Tanto el carnicero Marotene como el instalador Irigoyen dicen que en Cañuelas siempre hubo rateros que aprovechaban un descuido. “Hace unos 5 años, se empezaron a ver algunas salideras y ladrones desconocidos y eso fue un golpe. Y se dice que los chorros de acá cambiaron de rubro: ahora se dedican a marcar casas o pasar información para golpes que vienen a dar de afuera”, concluye Irigoyen.

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