30 de junio de 2015

SER DELINCUENTE ¿UNA PROFESION? ¿Es racional ser criminal en Argentina actual?

Si vive en Argentina, es probable que el lector de esta nota, sus familiares o sus amigos, hayan sufrido algún tipo de delito en los últimos tiempos.

Si vive en Argentina, es probable que el lector de esta nota, sus familiares o sus amigos, hayan sufrido algún tipo de delito en los últimos tiempos. Estudios privados, como los elaborados por Management & Fit, muestran que la inseguridad lidera los rankings de temas que más preocupan a los argentinos. A pesar de ello, el atraso en las estadísticas oficiales sobre criminalidad (los datos de la Dirección Nacional de Política Criminal llegan al 2007) muestra la falta de interés o capacidad de resolver este tema tan prioritario para la ciudadanía.

¿Cómo explicar esta realidad en la que la criminalidad nos invade? Una forma de hacerlo es señalar que en la Argentina actual coexisten al menos dos factores: el primero, el elevado nivel de pobreza. Al respecto, la Iglesia Católica ha hecho público el dato de que 2,5 de cada 10 argentinos son pobres, lo cual contrasta con los ya poco creíbles datos oficiales (5 % mencionó la Presidente pocos días atrás). El segundo punto es que el nivel de enforcement, es decir, el costo de no cumplir la ley, es bajo.

Dados estos factores, los resultados -que estamos viviendo- son esperables. Ya lo explicó algún tiempo atrás el Premio Nobel de Economía 1992, Gary Becker: así como en otros negocios, los delincuentes realizan una evaluación del costo, el beneficio, la rentabilidad y el riesgo a la hora de decidir delinquir o no hacerlo.

Para los potenciales delincuentes, el costo de oportunidad de trabajar y no delinquir -es decir, lo que dejan de ganar si no delinquen- es alto, especialmente si sus ingresos en el mercado laboral serían magros o nulos. En el negocio del crimen, el riesgo será mucho mayor que trabajando honestamente (la esperanza de vida y de calidad de vida de los criminales son sustancialmente menores), pero los ingresos adicionales también serán más atractivos.

El derecho, al revés

Este bajo nivel de enforcement de las leyes tiene una lógica similar a un perro que ladra, pero no muerde. Si la ley no se cumple, no es ley. En consecuencia, la ecuación será clara: el delito tendrá un premio tangible y altamente factible (el resultado del hurto o robo) y un castigo difuso y poco probable.

En este marco, la realidad criminal ha modificado los hábitos y los comportamientos de nuestra sociedad.

En contraste con otras épocas de la historia argentina, la pobreza hoy no parece ser una situación transitoria hacia un estado de mayor bienestar. El tanguero conventillo donde se radicaban miles de familias inmigrantes podría simbolizar aquel estado transitorio de humildad que simbolizaba el camino hacia un futuro promisorio.

La consecuencia lamentable del estado actual de cosas es la esperable orientación de la energía de un creciente sector de la sociedad hacia el delito. Si existiera voluntad de cambiar esta situación, debería enfocarse el esfuerzo en modificar la rentable ecuación de este negocio (que, además de todo, está libre de impuestos).

 
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