POLITICA

6 de julio de 2014

ESA COSTUMBRE DE ROBAR

Por centurias, la historia nos ha dado cuenta sobre los excesos de los gobernantes y sus miserias que en el fondo
se encuentran ínsitas en el mecanismo emocional del ser humano.

Por centurias, la historia nos ha dado cuenta sobre los excesos de los gobernantes y sus miserias que en el fondo se encuentran ínsitas en el mecanismo emocional del ser humano.   Emperadores, Reyes, Presidentes e innumerables Papas, se han destacado por esa vileza de enriquecimiento a expensas de los Pobres y Desvalidos.   Sin embargo, tanto los conquistadores Hispánicos en las personas de sus Adelantados, como los Británicos en todo el hemisferio norteamericano, se destacaron por ofrendar todas las riquezas arrancadas a los indígenas a sus Soberanos, salvo excepciones como Pizarro y Almagro, del primer grupo.   El propio Hernán Cortes que tanto oro repatrio a la España de Carlos V, murió en compañía de la misma soledad y padecimientos económicos con los que había nacido.   Mucho después, cuando en marzo de 1865, los Secesionistas advirtieron que todo estaba perdido, fue su Presidente Jefferson Davis, quien puso a buen recaudo todas las joyas que los Sureños, habían donado a la Confederación para la Causa.   Transcurridos diez años desde la rendición, cada Estado "Rebelde", recibió de un banco canadiense una cuota parte  de ese tesoro que los soldados de la Unión habían buscado como una especie de mito.   Incluso, los tantas veces denostados Alemanes, se incautaron de miles de obras de arte, provenientes de colecciones privadas, en su mayoría propiedad de judíos holandeses, franceses y bohemios.   Y salvo German Goering que se apropio en su exclusivo beneficio de un ciento de ellas, el resto junto con miles de otras riquezas pictóricas, fueron cuidadosamente depositadas con tapices especiales conservatorios en decenas de salitrosas cuevas en Silesia, para su preservación.   Ni Hitler ni su entorno, salvo el obeso y grasiento Mariscal del Aire, tuvieron intenciones de apropiarse personalmente de una sola de ellas.   Ya que esa incautación que se acelero a partir de 1944, cuando el final se acercaba, fue una estrategia para negociar mejores condiciones en un eventual armisticio con los Aliados.   Incluso, sin condonar lo que Monarcas y Sumos Pontífices, tomaron para sí, la mayoría de esas ilegitimas incautaciones forman parte de las grandes epopeyas artísticas que lucen tanto en el Louvre, como en el Museo Británico y en tantas otras capitales europeas.   Ya ingresando en nuestro inframundo Rioplatense, la realidad fue muy diferente.   A Juan Perón, los de la Libertadora le secuestraron algunos bienes, pero la mayoría de lo que adquirió en forma ilegitima pudo salvarlo, merced a su testaferro Jorge Antonio quien sucedió en tal carácter a Juan Duarte -el originario hombre de paja del General-.   En el sentido inverso, debemos agradecer a Don Antonio Santamarina que nuestro Museo de Bellas Artes, este en posesión de tantos oleos y pinturas que dono voluntariamente, popularizando así el patrimonio de todos los Argentinos.   Con los peronistas la historia siempre se repite con esa escalofriante identidad.   Después que se escapan, hay que perseguirlos para que retornen al Estado, todo lo que se robaron y se roban hoy en día.   Por ello, cuando se relate la historia de este periodo tan ominoso para nosotros, los contrapuestos entre quienes tuvieron hidalguía y todos estos perucas, delincuentes de toda laya, las generaciones venideras comprenderán muchas cosas.   Pero fundamentalmente que esa mofa de ideología insustancial, desde su Creador hasta el ultimo de sus súbditos, será recordada no por sus logros sociales, sino por esa ininterrumpida gala de abominaciones y pillajes.   Es probable que los Historiadores del futuro, dediquen un capitulo de esta saga como   ESA COSTUMBRE DE ROBAR.   Cordialmente Carlos Belgrano.-

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