MEDIOS

19 de noviembre de 2012

Medios "nacionales" que no piensan más allá de Palermo

Desde 2008 se observan lineas editoriales k y anti k. Pero comparten la misma estética e impronta, pensada para el barrio porteño. No para el país.

 

Mientras la discusión política permanece guionada en torno de dos argumentos facturados por creativos publicitarios sobre el 7D y se especula sobre los intereses mundanos de empresas periodísticas ante la probable reconfiguración del mercado, hay una práctica común a los medios alineados con o contra el Gobierno. Esa práctica, compartida también por los guionistas de las dos versiones que confrontan sobre la Ley de Medios, es el uso del mismo ecualizador estético que remite a un lugar preciso de la geografía porteña: el dilatado barrio de Palermo.

Como dispositivo, el ecualizador es un filtro que modera las asperezas del sonido, procesa graves y agudos y los promedia según un criterio de normalidad, un sentido común estético que, desde luego, no es nada “normal”. Pues bien, el ecualizador de los medios mal llamados nacionales, los que irradian la mayor parte de la programación en el país, se forja en torno del barrio de Palermo. El patrón estético del semillero de periodistas, productores y animadores mediáticos es el filtro que promedia un gusto, un acento, un ritmo narrativo y unas formas físicas que nutren la dieta comunicacional argentina. Hasta los escraches mediáticos –signo del presente– poseen una matriz que tributa al modo pretenciosamente cool e incestuoso de Palermo y adyacencias. Incestuoso porque es endogámico y autorreferencial. No está pensado para el goce de otros, sino estructurado por guiños que pueden disfrutar quienes comparten el código.

En el registro oral, el equivalente regional del palermitanismo es el “castellano neutro” de los doblajes mexicanos (acuñado en los barrios distinguidos del Distrito Federal). Hasta hace poco, en el ISER (Instituto Superior de Educación Radiofónica), a los aspirantes a locutores del interior del país se les exigía moderar su acento, ecualizando sus diferentes tonadas para normarlas según el uso capitalino.
A diferencia de Brasil, donde conductores de noticiarios y de ciclos periodísticos abarcan distintas franjas etarias, tonadas, colores de piel y minusvalías físicas, la información y la política tienen en los medios argentinos un mismo aire de familia.

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