POLITICA

23 de junio de 2014

Días de vértigo en la Casa Rosada

Desde que se conoció el esperado fallo de la Corte Suprema norteamericana hasta el anuncio del Gobierno de sus intenciones de negociar se vivieron días de vértigo. Parece un estigma del segundo mandato de Cristina: cada buena nueva en materia económica es empañada por un embate distinto

Por Nicolás Poggi (@pogginico), acreditado de NOVA en Casa Rosada.

Desde que se conoció el esperado fallo de la Corte Suprema norteamericana hasta el anuncio del Gobierno de sus intenciones de negociar se vivieron días de vértigo. Parece un estigma del segundo mandato de Cristina: cada buena nueva en materia económica es empañada por un embate distinto.

Es que en el Palacio de Hacienda terminaban de ajustar los números del acuerdo con el Club de País, que va en la misma línea que el de Repsol, cuando la decisión del tribunal cayó como una bomba. Pese a los discursos, el fallo no se esperaba. Había cierta luz de esperanza en que los jueces de Estados Unidos apoyaran el reclamo del Estado.

Ahora se abre una nueva etapa. Como en casi todos los temas, el kirchnerismo primero mostró los dientes y luego se replegó. La primera reacción fue combativa. Hasta que la propia Cristina le puso fin a la incertidumbre el viernes, con su discurso desde Rosario. Con un tono más conciliador, le reclamó al juez Griesa "condiciones justas" de negociación para cumplir con el "cien por cien" de los bonistas, dentro y fuera del canje.

Atrás quedaron los primeros ataques luego de que trascendieran algunas opiniones de Griesa en el tono de que Argentina no le inspiraba "confianza" y de cierta expectación de que el país no volviera a "reírse" de un fallo judicial. Los voceros de esa tempranera posición oficial estuvieron encabezados por Capitanich, que le reprochó parcialidad en el litigio.

Ahora la Presidenta calmó los ánimos y ordenó a la tropa. La acompaña la mayoría del arco opositor "por derecha", que es además el campo que ocupa la oposición que puede medirse con el Gobierno. La izquierda mantiene sus reclamos históricos de no abonar una deuda ilegítima y apisona la vocación de alcanzar un acuerdo en el mismo barro del pago a Repsol y el Club de París.

Aunque más o menos creíbles, los referentes opositores apoyan la posición del Estado que buscan comandar a partir de 2015, más allá de algunas expresiones trasnochadas de caceroleros que se ubican en la vereda de los bonistas, como quedó demostrado en la última marcha en respaldo del desplazado fiscal José María Campagnoli. "Buitre es el Estado corrupto", decían las pancartas que cargaban con sus atribuladas manos.

Los bonistas, aún siendo un grupo reducido en comparación con el 92 por ciento que ingresó a las convocatorias de 2005 y 2010, son capaces de generar un severo daño en la economía del país, al punto de dejarlo al borde del default. De hecho, el propio Ministerio de Economía advirtió que, de mantenerse el levantamiento de la cautelar en Estados Unidos, el país no podrá hacer frente al pago de la deuda del 30 de junio, con el riesgo del embargo de bienes radicados en el exterior.

La ecuación es simple: si el Estado pagara los 1330 millones de dólares a los fondos buitre, tal como dispuso Griesa, podría venirse un vendaval de reclamos similares de los bonistas que ingresaron al canje, que demandarían similares condiciones de pago. Regla de tres simple del capitalismo. ¿Puede hacer frente el Gobierno a ese compromiso? ¿Debe?

La Casa Rosada tiene una estrategia, que lógicamente no revelará. Así lo dejó en claro Carlos Zannini durante la reunión en el Congreso con los jefes parlamentarios, que transcurrió a puertas cerradas. Mientras tanto, en el oficialismo se registran grados de mayor y menor optimismo. Scioli está entre los primeros. ¿Tiene el gobernador alguna información sobre los planes de la comitiva económica que irá a Nueva York? Difícil. Pero no son momentos para desentonar.

Por otro lado, ¿cuán real es el interés de Massa, Macri y De la Sota por que Argentina alcance un acuerdo con los fondos buitre? Podría inferirse que la situación de río revuelto que generó con la Corte norteamericana podría beneficiarlos en el sentido de sumir de más incertidumbre la marcha económica de un Gobierno de por sí dubitativo. Pero el factor 2015 también los acecha.

Hasta Massa, que agudizó su discurso crítico en el último tiempo, sobre todo en discusiones penales, celebró la intención de la Casa Rosada de alcanzar un acuerdo con los bonistas. Por fuera de la pirotecnia kirchnerista, los tenedores de bonos reclaman lo que les pertenece gracias a las bondades del sistema capitalista. Esas fueron las reglas con las que ingresaron al auspicioso juego de la especulación. Pagar o no pagar son las únicas alternativas. Las condiciones de ese acuerdo definirán con qué margen de maniobra se cuenta.

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