26 de mayo de 2014

CON EL AGUA AL CUELLO

Estos días, una nueva lluvia intensa provocó el rebalse del río, con las consecuencias que ya son de público conocimiento:

CON EL AGUA AL CUELLO

 

 

Estos días, una nueva lluvia intensa provocó el rebalse del río, con las consecuencias que ya son de público conocimiento: familias evacuadas en el Polideportivo o en las delegaciones municipales, barrios con riesgos graves de infecciones y enfermedades contagiosas generalizadas, pérdidas materiales, desazón, impotencia, bronca, fastidio.

 

El Municipio de Luján, por tercera vez en el año, lamentablemente actuó como es de público conocimiento: desnudando sus claras limitaciones para enfrentar los problemas gruesos de la ciudad, ya que nuevamente demostró que ni con el agua al cuello es capaz de comprometerse públicamente a gestionar las obras necesarias, a poner los límites necesarios, para que esta situación estructural cambie.

 

También, lamentablemente, mostró con absoluta caradurez su falta de interés por las familias de la zona inundable. Y como muestra haremos público sólo un botón, entre los varios que habría que denunciar del accionar municipal: una comisión de vecinos le solicitó al Municipio que se realizara un comedor en el CIC ubicado en San Fermín, barrio en el que el agua, el frío, el desánimo y la bronca hacían caer de maduro la obvia necesidad de una presencia fuerte del Estado Municipal. Después de negarse durante los peores momentos de la lluvia y la crecida, y presión del barrio mediante, recién hoy viernes el Municipio accedió a poner el Cic a disposición de los vecinos.

 

Por otra parte, los medios masivos de comunicación nacional, por tercera vez en el año se acercaron a la ciudad, y actuaron como ya es de público conocimiento: cada medio, de acuerdo a su línea editorial, a su lugar en el mapa político de las comunicaciones, construyó la noticia que más le convino.

 

Los gobiernos nacional y provincial, incluso con desparejo nivel de declaraciones públicas sobre la cuestión, hicieron lo que vienen haciendo desde hace varios meses, sobre cada acontecimiento de importancia que sucede en la Provincia de Buenos Aires. Aprovecharon el asunto para desgastarse mutuamente en función de las elecciones del 2015: se pasaron la pelota de la responsabilidad los unos a los otros.

 

La sociedad de Luján, el pueblo de esta ciudad, cada vez más asombrado por este repentino cambio de comportamiento del río a partir de los últimos años, todavía no se resigna, todavía no concibe como lógico o natural que, con cada lluvia fuerte, el río colapse y familias tengan que ser evacuadas, se pierdan bienes materiales, se generen focos concretos de peligro de infecciones o de enfermedades generalizadas.

 

Si nos detenemos un segundo a reflexionar, el cuadro de situación es complejo, poco auspicioso, y no es difícil imaginar los próximos pasos de varios actores ante situaciones similares. Muchos seguirán, tristemente, actuando como es de público conocimiento; exhibiendo el desprecio por el sufrimiento de las familias, o interesados por el tema sólo para conquistar alguna migaja de rédito político o económico.

 

Pensamos que reside en las esperanzas, los deseos y la capacidad de presión del pueblo de Luján, generar las condiciones para que esta situación cambie de veras. Si no queremos acostumbrarnos a que estas injusticias nos parezcan habituales, hay que comenzar a exigir planes de vivienda para relocalizar a las familias que, está claro, no pueden vivir más en esa zona, y también empezar a exigir que los gobiernos de los distintos niveles se pongan los pantalones largos, y tomen las medidas para garantizar que el río escurra como tiene que hacerlo, como lo hizo desde los orígenes de la historia hasta hace menos de diez años, afecte a los countrys que afecte, afecte a los campos de soja que afecte.

 

 

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