POLITICA

25 de abril de 2013

Una noche muy larga en la que perdieron todos

Una noche larga. Letanía profunda y discursos eternos. Hablaron todos y hubo de todo. Pasos Perdidos perdió en circulación, pero ganó en anécdotas, color legislativo y vergüenza. Amenazas, insultos y diputados sacados.

 

Cuando el reloj marcó las 05:07, sólo 26 diputados faltaban en sus bancas. Los otros 231 se disparaban munición gruesa en un recinto despierto, pero en piloto automático.

A las 2 de la mañana, el video del ministro de Economía, Hernán Lorenzino, suplicando irse de un reportaje con periodistas griegos para no hablar de la inflación fue el tema de debate en todos los bloques. Oficialistas y opositores pedían ver el video, algunos se reían, otros querían llorar, pero por 45 minutos nadie habló de la Justicia. Ya entrada la larga madrugada, volvió la rosca.

Antes de todo eso, hubo tiempo para que los diputados intentaran relajarse. Manuel GarridoRicardo AlfonsínMiguel Bazze y Ricardo Gil Lavedra se animaron a participar de una conferencia vía Twitter con periodistas. Incluso hubo tiempo para queVictoria Donda, junto a su novio, el periodista Pablo Marchetti, anuncien la fecha de su casamiento.

Durante toda la noche sobrevolaron por el recinto las dudas sobre si el oficialismo conseguiría los 129 votos necesarios para aprobar el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura. La rosca política nunca cesó pero sí aumentó. Cerca de las 3:30, el presidente de la Cámara baja, Julián Domínguez, arrancó las visitas bloque por bloque. Lo hizo intentando anunciar una movida oficialista. El kirchnerismo pretendía votar en general la ley y todos sus artículos, y así evitar que varios de los artículos clave no fueran aprobados, según los conteos previos.

Mientras el Frente para la Victoria envió varios emisarios a la negociación, en el resto del Congreso cada uno hizo su propio juego. Carlos Brown (Peronismo Federal), se comía un sandwich de milanesa con Gatorade en pleno Pasos Perdidos, donde se mezclaban asesores, diputados y asistentes de las cámaras de televisión, intentando dormir un par de horas.

La madrugada ayudó para conversaciones extrañas. El radical, Oscar Aguad, intercambió palabras amistosas con el hiperkirchnerista, Edgardo Depetri, tres horas después todos se desconocían. Jorge Yoma, no aguantó mucho tiempo en su banca. Con su impecable saco de pana blanca, se paró y escuchó el final de los debates, apoyado del atril presidencial, con una pierna flexionada. Posición canchera para un diputado canchero. Sandra Mendoza, la ex esposa del gobernador de Chaco, despertó a varios. Trató a los diputados de “cosos” y cerró su discursó a los gritos, asegurando que es “feliz” votando los proyectos del Poder Ejecutivo.

Cuando la oposición denunció los intentos de Domínguez, la sesión se desvirtuó. El Frente para la Victoria y la oposición arrancaron con insultos cruzados y gritos mágicos. Lilita Carrió pidió la palabra para denunciar al presidente de la Cámara, y el kircherismo la recibió con un contundente “oh”. Volvió el secundario para muchos. Carlos Kunkel, sacó a deslumbrar su calidad para insultar en el momento del silencio resaltando su experiencia para esos menesteres.

Hasta último momento, el oficialismo negó haber intentado violar el reglamento, tal como lo aseguraron cada uno de los jefes de bloque de la oposición. La estrategia se intentaría ejecutar un par de minutos después.

Agustín Rossi, jefe de bloque kirchnerista, cerró el debate y la madrugada bien arriba.Denunció a los diputados opositores como “profetas del odio”, y hasta se animó a tirar chistes. Calificó la exposición del ministro de Justicia, Julio Alak, ante la comisión de Asuntos Constitucionales como “brillante”. Algunos diputados se rieron de esa calificación y Rossi dobló la apuesta: “Brillante y excelso”. Guardó silencio y siguió: “Brillante, excelso, maravilloso y contundente”, acompañando sus palabras con sonrisas. Terminó su exposición con sus pares de bloque aplaudiendo de pie.

A las 5:38, Domínguez pidió votar. Ciento treinta votos afirmativos, apenas uno más de lo necesario. Al instante de la aprobación, arrancó de las gargantas kirchneristas la marcha peronista. Rossi descansó tres minutos, volvió a pedir la palabra y solicitó que se vote en general todos los artículos, mencionando el artículo 192 del reglamento. Las denuncias de la oposición tomaron cuerpo. “Escuchame una cosa Bazze… ¿vos viste cómo salió la votación? Callate”, sentenció el jefe de la bancada K, cansado de las interrupciones del diputado radical. Domínguez aceptó la moción de Rossi y ahí se desencadenó el escándalo. Gritos, más insultos y denuncias de fraude, con los diputados opositores golpeando sus bancas. La presidencia de la Cámara apuró la votación y los problemas técnicos no terminaron. “Violan la Constitución”, disparó Gil Lavedra, jefe de la bancada radical.

Rossi pidió la palabra y aseguró que retiraba su moción por la actitud “canalla” de la oposición. Cerrado un capítulo, arrancaba otro. El reloj marcó 06:10. Faltaba una parte aún más jugosa. Artículo uno aprobado. El artículo dos aprobado, con problemas en el recuento y Rossi queriendo pelear. Veinte minutos antes pedía “amor”. Justo fue la diputada neuquina, Alicia Comelli, una de las doce señaladas en la semana como voto clave, la que falló al marcar su posición. Escándalo.

La historia no cambió, aun con cuarto intermedio. Los insultos siguieron. Dieciocho horas de sesión. La oposición se retiró. Faltan dos proyectos. No ganó nadie. Perdieron todos.

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