27 de enero de 2013

El cruce cordillerano de La Rioja evoca la gesta libertadora americana

Emula la sanmartiniana Expedición Auxiliar Zelada-Dávila, en enero de 1817, fue recreado por más de un centenar de jinetes y gauchos riojanos que llegaron al hito argentino chileno de Comecaballos, a 4600 metros de altura.

El gobernador de La Rioja, Luis Beder Herrera, integró esta cuarta edición del homenaje a la columna que, con unos 300 patriotas riojanos, estuvo destinada a la toma de Copiapó y Huasco, en Chile, para bloquear el paso de tropas realistas desde el norte de modo de librar con ventaja la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero de 1817, que inauguró la independencia chilena.  


 

La expedición partió desde Barrancas Blancas, a 4.200 metros de altura, y se fue introduciendo en un paisaje extraordinario que esconde destinos de alta montaña que suelen ser visitados por viajeros gustosos de aunar historia con sitios fascinantes. 

Al avanzar, los jinetes van cambiando de posición en la columna debido a que las yeguas amadrinadas se adelantan o demoran para reencontrarse con la tropilla conocida, al trote corto, galopando una cuesta, frenando en seco para tratar de morder un pasto, hasta volver al paso relajado.


 

Es entonces cuando el jinete repara en la majestuosa Cordillera, que despliega una paleta de color, infrecuente en otro paisaje, salpicada por los blancos deslumbrantes de las manchas de nieve o los verdes metalíferos de lagunas heladas.

La solidaridad entre expedicionarios suelda un espíritu de cuerpo en la columna, que preanuncia la emoción que se desplegará en el hito chileno-argentino al cantar los himnos de ambos países junto al representante de la intendencia de Atacama, Mario Manríquez. 

Al regresar al obrador de Barrancas Blancas, donde se estaciona Vialidad provincial, más de un centenar de expedicionarios vivaquean con reparador asado de chivito, vaca y cabrito, deliciosos frutos regionales y buen vino. 

Mary Ceballos fue la artífice de la organización desde el Ministerio de Educación riojano, lo que implicó coordinar la logística con Defensa Civil, Emergencias, la Secretaría General de la Gobernación, Gendarmería, la Administración Provincial de Vialidad y ministerio de Salud, y proveer de avena, trigo y pasto a los animales.

Un participante ilustre de la travesía fue Florencio Gordillo Dávila, tataranieto de Nicolás Dávila -segundo jefe de la expedición que lideró el uruguayo Francisco Zelada-, quien dijo a Télam que “Mendoza, San Juan y La Rioja tienen el privilegio de haber integrado las seis columnas auxiliares de San Martín”. 

“Esta ha sido la acción militar más importante que tuvo La Rioja, en pos de la emancipación de América y no de las luchas intestinas que vinieron después, y lo bueno de la estrategia de San Martín fue hacer confluir las columnas el 12 de febrero, día de la batalla de Chacabuco, salvo una que llegó antes por necesidad de logística, y eso que no había celulares ni satélites”, relató. 
Aproximándose el bicentenario del cruce de los Andes, que se cumplirá en 2017, Dávila se propone “llegar a Copiapó con la expedición”, lo cual requiere sumar unos siete días de marcha en territorio chileno.

La comparación con la gesta sanmartiniana inclinó a los jinetes a considerar nimio el rigor de la travesía que soportaron desde su salida de la ciudad de La Rioja, el pasado 10, hasta la llegada al hito fronterizo, el último domingo.

Es que aquellos milicianos reclutados entre el pueblo, debieron calentar sus cuerpos magros envolviéndose en cueros de oveja y alimentarse con guiso `charquicán` hecho de carne salada seca molida, ajo, cebolla, picante y harina de maíz tostado, que se hidrataba durante la cocción.

Además, todavía hubiera restado combatir al Ejército Realista en la batalla que unió a los comandantes José de San Martín y Bernardo O`Higgins -líderes de las columnas principales que cruzaron por Uspallata y Los Patos frente a Mendoza y San Juan-, hermanando así a chilenos y argentinos.

El encuentro fue evocado por integrantes de agrupaciones gauchas riojanas de 14 departamentos, entre los que se contaba Nicolás Guerrero, quien contó a Télam la larga travesía a lomo de mula desde la localidad de Villa Castelli, que en camino hacia el noroeste pasó por Villa Unión y confluyó con otro grupo que venía desde Cuesta de Miranda.

La columna fue sorprendida por una tremenda tormenta en cercanías a Guandacol, donde confluyen tres ríos que estaban crecidos, y superado el chubasco arribó a Zapallar, donde la esperaba una recepción con sopa de gallina casera, para que pudiera seguir al caserío de Las Cuevas a hacer noche en hospedajes de familias. 

“Agotadora la cabalgata, yo es la primera vez que la hago, pero con toda ilusión por un desafío personal”, consideró Guerrero.

El expedicionario opinó que “los que realmente hicieron patria fueron los que cruzaron en la época de San Martín, porque ahora nosotros cruzamos con muchas comodidades, poncho de lluvia, bolsa de dormir, y esa gente venía tapándose con cuero de oveja, transportó cañones a lomo de mula…”.

“Esa gente de valor incalculable hizo que nosotros viviéramos en este país libre gracias a ellos; para nosotros es insignificante hacer esto: la proeza la hicieron ellos”, descontó.

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