POLITICA

6 de septiembre de 2012

De narváez Luján

Nota de opinión de la Jota U: "¿Ampliar la participación o manipular 1 millón y medio de votos?"

 

Esta es la primera pregunta que a uno le viene a la cabeza cuando el Kirchnerismo pone en la mesa el debate para bajar la edad de voto a los 16 años. Cabe preguntarse por qué estamos debatiendo sobre nuevos derechos cuando ni siquiera se cumplen los ya existentes. Según un estudio realizado por la UNESCO en Argentina el 57% de los chicos que cursa el secundario no lo termina en los plazos establecidos y sólo la mitad accede a ese título. El Estado, entonces, debería estar preocupándose y ocupándose de que esta cifra sea revertida lo antes posible. La profundización de la democracia representativa, con estas elocuentes cifras, debería ser canalizada con la implementación de medidas que garanticen la efectivización de los derechos obtenidos. Es difícil comprender cómo un Gobierno que se jacta de ser pionero en inclusión social no tiene a la educación como principal eje de agenda política. Nosotros queremos un Estado presente, al lado de cada uno de los argentinos, incentivando la educación y el trabajo como vías de crecimiento y desarrollo de todos.

Nada celebramos más que la participación de los jóvenes en la política, creemos fervientemente que es muy positiva para el crecimiento democrático de una sociedad. Sin embargo otorgarle el derecho a voto a un chico que aún no termino la secundario, o sea que no ha completado una etapa fundamental de formación de ciudadanía para ejercer sus derechos de manera responsable (según establece la Ley Nacional de Educación sancionada por este gobierno en el 2006), es confundir prioridades con necesidades electoralistas. El Kirchnerismo estuvo haciendo cuentas en vistas a las próximas elecciones y pareciera que los resultados no son los más alentadores. En este marco, esa inteligencia maquiavélica que los caracteriza, los ha llevado a pensar en una estrategia progresista, democrática y políticamente correcta en el discurso: ampliar la democracia mediante la ampliación de derechos. Por supuesto que nadie puede estar en contra de la ampliación de derechos, ya que todos queremos una democracia viva, participativa e inclusiva. Lo que no podemos tolerar y por lo tanto no debemos callar, es que se utilice a los más chicos solamente con fines electoralistas para ganar una contienda electoral que les permitirá dar el gran salto: tener mayoría parlamentaria para lograr la reforma constitucional y junto a ella, una Cristina eterna. En un contexto político donde los números de bancas son más importantes que la justificación de nuestras propuestas es, al menos complejo, llevar adelante un debate sincero sobre cualquier cuestión de interés público, más aún sobre la ampliación de los límites de la Democracia.

 

 

 

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