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27 de mayo de 2024

Cómo es el pueblo más antiguo de Córdoba que compite para ser uno de los más lindos del mundo

Villa Tulumba es una localidad cordobesa de 2.500 habitantes y es uno de los ocho destinos argentinos que está nominado en el concurso internacional Best Tourism Villages. En su casco histórico conserva casonas de la época colonial, las ruinas de una capilla de 1700 y, en los alrededores, en pleno entorno natural, se destacan los vestigios de los pobladores originarios, los sanavirones. El testimonio de dos tulumbanas que están cumpliendo sueños

"De Tulumba para el mundo", el video oficial que presentaron, con el que consiguieron ser candidatos en la cuarta edición del Best Tourism Villages, una iniciativa impulsada por ONU Turismo (Video: Secretaría de Cultura y Educación, Secretaría de Turismo y Secretaría de Deportes de Villa Tulumba)

Las calles empedradas de Villa Tulumba, localidad de 2.500 habitantes del norte de la provincia de Córdoba, están más revolucionadas que nunca. Desde que les confirmaron que están nominados en un concurso internacional que destaca a los pueblos más lindos del mundo, la felicidad es inmensa. Antes de ser uno de los candidatos en la cuarta edición del Best Tourism Villages, iniciativa impulsada por ONU Turismo, ya habían sido declarados “pueblo auténtico” y “poblado histórico nacional”. Es fruto del esfuerzo constante de los tulumbanos, que se caracterizan por la calidez con que reciben a los visitantes, y por cuidar su patrimonio arquitectónico y sus paraísos naturales. Dicen que ese es el secreto por el que los turistas respiran historia desde que llegan, y por un momento viajan a la época colonial y a los acontecimientos que forjaron nuestra patria. En diálogo con Infobae, el testimonio de Lucía Bulacios, Secretaria de Turismo de Tulumba, y Laura López, guía del lugar desde hace 20 años.

Días atrás la Subsecretaría de Turismo de la Nación anunció los ocho candidatos que representarán a la Argentina, en la competencia que busca promover y reconocer a pueblos turísticos que se encuentren en entornos rurales: Caviahue – Copahue, dos localidades vecinas de Neuquén; Saldungaray, pueblo bonaerense; Barrancas, en plena puna jujeña; Campo Ramón, de la tierra colorada de Misiones; Los Chacayes en Mendoza; Urdinarrain en Entre Ríos; Gaiman, en Chubut; y Villa Tulumba. “Cuando empezamos a formular el proyecto sabíamos que en mayo nos iban a decir si habíamos quedado seleccionados o no, y la verdad es que la procesión iba por dentro, pero ahora esta instancia ya es un espacio ganador para toda la comunidad, por el empuje y la trascendencia que nos ofrece ser uno de los destinos argentinos que destacan, y lo estamos celebrando y disfrutando”, expresa Bulacios, que además de ser secretaria en el área de turismo, también es nacida y criada en la localidad.

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El empedrado caracteriza las calles históricas, que parecen detenidas en el tiempo (Foto: Turismo Villa Tulumba) >A menos de 150 kilómetros de la ciudad de Córdoba, hay opciones para llegar en transporte público, y en auto se accede a través de la Ruta Nacional 9, o de la Ruta Nacional 60, desviando por la Ruta Provincial 16 en Deán Funes o en San José de la Dormida. “Generalmente el turista llega y va a la oficina de la Secretaría de Cultura y Educación, que está en frente de la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, donde se les hace una introducción de todo lo que pueden visitar, y luego vienen al Centro de Interpretación para aprender sobre el Camino Real”, cuenta Laura, guía de la localidad, que transmite el amor por sus pagos con mucho compromiso.

Considerado “un museo a cielo abierto”, y el poblado más antiguo de Córdoba -fue declarado “Villa” el 3 de octubre de 1803 por Cédula Real del monarca Carlos IV de España-, está lleno de detalles, que se lucen tanto de día como de noche. Cuando el sol cae, las farolas añejas alumbran el casco histórico con tonalidades amarillas y naranjas, y las casonas del siglo XVIII y XIX parecen detenidas en el tiempo. “Los veredones altos, y los techos a dos aguas se conservan en algunas edificaciones coloniales; posteriormente, en 1850 empezaron a adoptar características de la arquitectura europea, con casonas con techos más altos”, explica la guía.

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Una postal nocturna de Tulumba, alumbrada por sus faroles añejos (Crédito: Lucía Bulacios)

Así como hay rincones donde todo parece estar igual que hace tres siglos, también hay un lugar donde se puede apreciar el paso de los años, y están a tan solo diez pasos de diferencia. “La construcción de la iglesia nueva, que fue en 1882, tiene un estilo totalmente distinto a la antigua capilla, que es de 1700, y se conservan sus ruinas; están una al lado de la otra, entonces se puede palpar en primera persona cuánto puede cambiar la cultura de un momento al otro”, indica. Algunas paredes todavía están en pie, y se vislumbra lo que alguna vez fue: solares de adobe crudo con algarrobo y techo de cañizo. “En la oficina de Cultura y Educación, la primera habitación data de 1750, y es la más antigua a la que se puede ingresar, después le sigue el predio del Centro de Interpretación, de 1850, donde se sacó el revoque de la pared para mostrar el tipo de construcción; se puede ver no solamente la fachada de estas casonas, sino también los materiales de cada zona y sus muebles originales”, describe.

Tulumba formó parte del Camino Real, y su principal actividad era la cría y engorde de ganado mular, destinado a ser vendido en el Alto Perú. “Desde sus inicios fue una población destacada a nivel económico, político, y religioso. Fue un centro de transacciones comerciales en una etapa clave de nuestra historia”, agrega Lucía. “La revalorización de eventos que marcaron la época colonial generaron diferentes cambios políticos y sociales que dieron vuelta la página en nuestra historia, es uno de los focos en los que se viene trabajando hace más de una década; y es increíble que hoy podamos recorrer en auto el mismo camino donde hace 200 años iban carretas acarreadas con mulas”, comenta Laura.

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La iglesia, ícono de la localidad, junto a las ruinas de la antigua capilla (Foto: Tulumba Turismo)

“Las cuatro esquinas”, el punto donde confluyen las calles más importantes, es una de las paradas obligadas, junto con la casa de la familia Reynafé, una de las más influyentes del país, donde se ideó la masacre de Barranca Yaco, que terminó con el asesinato del general Facundo Quiroga en 1835. Eran tiempos de enfrentamiento entre unitarios y federales, e incluso había desacuerdos internos entre los simpatizantes de un mismo pensamiento. “Guillermo Reynafe fue un irlandés que conoció aquí a su esposa, doña Claudia Hidalgo Torres, y tuvieron 12 hijos, cuatro de ellos estuvieron relacionados con lo militar y fueron gobernadores de Córdoba”, detalla la guía, para contextualizar la muerte del caudillo riojano. “Quiroga venía de otra zona a explorar estas tierras, y le avisaron que en Tulumba había unos caudillos que no lo iban a dejar avanzar por sus ideas federales, que lo iban a esperar para matarlo, pero él desoyó esa advertencia, siguió a pesar de todo, y lo asesinó un lugareño, Santos Pérez, a quien le pagaron a penas una limosna”, relata.

Algunos nombres quedaron invisibilizados, pero hay autores que los han rescatado. Laura menciona el libro Lorenza Reynafé, de la escritora Mabel Pagano, que revela el rol de la hermana de los Reynafé, como una mujer de carácter y personalidad que más de una vez fue cabeza del grupo e intermediaria en la toma de decisiones trascendentales. “Nosotros pasamos un video en el Centro de Interpretación, que dice la frase: ‘Si la historia no se recuerda, está condenada a repetirse’, porque creemos que es así, que debemos recordar más de nuestro pasado”, expresa.

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La muerte de Facundo Quiroga forma parte de los acontecimientos históricos que se pueden revivir en la localidad (Foto: Tulumba Turismo)

La plazoleta Granadero José Márquez, y la casa del sacerdote Hernán Benítez, quien fuera confesor de Eva Perón, son otras postas de interés que se pueden visitar. Para mantener la estética del poblado han pactado el respeto de determinados colores en frentes y fachadas, para que se conserve un mismo estilo arquitectónico en el casco histórico, y actualmente están trabajando en crear un código de edificación que unifique y reglamente todos los criterios. “Lindo el nombre, bello el pueblo. Buena gente, fragante el pan. Quien le ame, por todo ello, deje las cosas como están”, dice uno de los mosaicos que adorna una de las paredes del casco histórico. Se trata de una frase del poema atribuido al poeta cordobés Oliverio de Allende, y una de las preguntas que surgen es qué significa la palabra que le da nombre a la localidad. “Algunos dicen que significa ‘Aguada del Tala’, o ‘Lugar donde hay agua’, pero hay varias teorías, siempre que me consultan yo les empiezo a contar sobre nuestra cultura aborigen, nuestros antepasados, esas generaciones que eran descendientes de aborígenes, que conocían españolas que llegaban y se formaban familias”, indica Laura.

Se refiere a los pobladores originarios, los sanavirones, que dejaron un importante legado cultural, y en las caminatas por la zona rural se pueden encontrar pictografías en piedras y diferentes conanas. A 70 kilómetros de Tulumba se encuentra la reserva natural Cerro Colorado, donde se conservan más de 35.000 pinturas rupestres de los comechingones. “Nuestras raíces no nacen a partir de los españoles solamente, sino de nuestras etnias primitivas, y por eso, después de tantos años que llevo haciendo esto, de charlar con historiadores y profesores, una de las versiones, no documentadas, que podría ser la correcta, refiere a que ‘Tulumba’ es un vocablo quechua, que referiría a la frase ‘sombra de la luna en la laguna’ o ‘sombra de la luz en la laguna’”, revela. Sin embargo, el gran interrogante es a qué laguna se referiría, si en el propio pueblo no había una.

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Otra de las frases que destacan, de autoría del escritor José Alberto, más conocido como José De la Piedra (Foto: Tulumba Turismo)

“Como en realidad todo el departamento se llama Tulumba, que es finito y largo, de este a oeste en toda la provincia de Córdoba, y tiene como cabecera a Villa Del Valle de Tulumba, también incluye a la Laguna de Mar Chiquita. Por ende, una conclusión posible es que de allí provenga el significado”, comenta la guía turística. El entorno natural que rodea la zona urbana es otro de los atractivos del lugar, con montes vírgenes y vegetación autóctona, ideal para disfrutar de actividades recreativas al aire libre. “Hay muy poco llano, es todo montaña, entonces la gente se sorprende de la altura, de los ríos cristalinos, y el turismo rural se convirtió en una opción que muchos eligen para complementar su visita”, manifiesta.

“La gente ayuda muchísimo a conservarlo, se trabaja en un turismo sustentable y sostenible para que la esencia no se pierda. Hay cero desmonte, no se hacen fogatas, y el turista es muy respetuoso, no prende fuego en ningún lado, porque entienden que además Córdoba tiene riesgo de incendios forestales gran parte del año”, indica la secretaria de turismo. Y cuenta que cada verano ofrecen caminatas saludables, durante todo el mes de enero y febrero, totalmente gratuitas. “Se hacen con profesores de educación física, y tuvimos muy buena convocatoria, por eso se siguen haciendo, y también tenemos otras opciones pagas, como los trekking, pero hay una amplia gama de alternativas económicas, tanto para las salidas como para los hospedajes y los servicios que se brindan”, asegura.

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El turismo rural es otro de los atractivos de la localidad, que combina tradiciones camperas con turismo histórico (Crédito: Lucía Bulacios)

Uno de los programas que ofrecen se llama “Caminando chacareras”, y consiste en disfrutar de una jornada llena de música, historia y gastronomía local. “Los llevamos a sentarse debajo del tala donde Doña Dominga Suárez, una personalidad muy importante de Tulumba, solía bailar y comer pan casero, para que revivan esa experiencia”, cuenta Laura. Se refiere a la bailarina del monte, con dotes excepcionales para danzar chacareras hasta muy avanzada edad, a la que Carlos Di Fulvio le dedicó un tema que encabeza el cancionero popular argentino, “Campo afuera”. “Es muy lindo porque se arman peñas, se ponen a cantar con guitarreadas, y se ceba el mate a las brazas mientras degustan el pancito casero”, describen.

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El Paseo de los Inmigrantes, otro de los atractivos turísticos de Tulumba, representado en una serie de pinturas en honor a las diferentes comunidades que se asentaron en la región (Foto: Tulumba Turismo)

Las colaciones caseras, las empanadas de hojaldre, y el chivito asado son algunas de las especialidades de los tulumbanos, además de los emprendimientos de los lugareños. “Tenemos un artesana que adoramos, Adela Suárez, que ella hace tejidos en telar, dulces y licores artesanales, y cada vez que vienen los turistas nos piden conocerla, entonces los llevamos hasta su casa, y ahí pueden ver todo el detrás de escena: desde donde saca las frutas hasta la producción y la venta de los licores, de limón, de mandarina, de naranja, de tomillo, entre otras delicias que prepara”, cuenta Lucía. La fiesta patronal, que se realiza en octubre -generalmente el segundo domingo del mes- en honor a la Virgen del Rosario, la patrona de Tulumba, es uno de los grandes eventos que convoca a más de 20.000 fieles todos los años. “Desde la llegada de la imagen de la Virgen, que fue en Córdoba en 1595 y en Tulumba en 1645, se ha mantenido la esencia religiosa, e incluso se ha conservado la imagen original, de más de 300 años de antigüedad, que es la misma que se sigue sacando al pueblo durante la procesión”, indica Laura. Dentro del templo se luce además un antiguo tabernáculo, tallado en madera de cedro paraguayo pintado en hojas de oro para la Iglesia de la Compañía de Jesús de la Ciudad de Córdoba, y colocado en la iglesia tulumbana luego de la expulsión jesuita.

Antes de que la localidad se potenciara a nivel turístico, la convocatoria más grande era a través del turismo religioso, pero ahora la temporada se extendió, y todos los fines de semana reciben visitantes. “Llegan durante todo el verano, también en Semana Santa, los fines de semana largo, las vacaciones de invierno, y durante nuestra ‘Semana de Tulumba’, que siempre se hace a fines de enero, hasta el 3 de febrero, en homenaje al granadero José Márquez, uno de nuestros héroes, que tuvo su bautismo de fuego en la batalla de San Lorenzo y perdió la vida allí, según el parte que el propio José de San Martín envió al gobierno de Buenos Aires”, enumeran. Tienen capacidad para hospedar a 200 personas, y una vez que las plazas se llenan, las localidades vecinas, que están a 15 minutos de distancia, también abren sus puertas.

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La iglesia junto a las ruinas de la antigua capilla, un paseo imperdible en Tulumba, que demuestra el paso de un siglo al otro (Crédito: Lucía Bulacios)

Tiempo atrás la hostería municipal estaba en ruinas, pero se realizó la puesta en valor, y hoy pueden recibir grupos de hasta 45 personas, ideal para contingentes que van de visita. “El turismo es una alternativa para quedarse en el lugar que uno quiere, las posibilidades laborales se amplían, y muchos jóvenes que se han ido para estudiar, después de recibirse vuelven para ejercer su profesión aquí, y por eso es un sueño cumplido que tanta gente está interesada en conocernos, porque representa una oportunidad única”, asegura Laura, conmovida por los avances que ha visto con sus propios ojos, como habitante y como guía. Generalmente el éxodo se da por motivos educativos, y de a poco la situación se va revirtiendo.

Ocupan un lugar muy especial en sus corazones la Escuela Primaria “Obispo Olegario Correa”, y el Secundario I.P.E.T. Nº 125 “Lidia Pura Benítez”, por el que han pasado varias generaciones. En localidades vecinas hay centros de formación terciarios, que brindan títulos intermedios de diferentes profesiones. “La vocación de los docentes, que nos han formado con mucho amor por el pueblo, es muy importante, y para poder vivir del turismo tenemos que educarnos todos; nuestra nuestra mayor meta es ayudar a que cada emprendedor pueda vivir de sus productos”, proyecta Lucía. También cuentan con un hospital en la zona, para asistir tanto a turistas como habitantes.

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El altar, una obra de arte que se encuentra en el interior de la iglesia Nuestra Señora del Rosario (Foto: Secretaría de Cultura y Educación de la Municipalidad de Villa Tulumba)

“Uno tiene que ofrecer todo lo mejor que tenga, y si algo nos caracteriza es la idiosincrasia y la calidez de la gente, que charla con los turistas, que siempre valoriza el saludo, la solidaridad, el ‘buen día’, el ‘gracias’. La verdad es que todos nuestros habitantes son guías turísticos; si llegás a cualquier esquina y les preguntás por cualquier duda, el habitante te va a poder decir dónde estás parado, y un montón de datos, porque el amor y el sentido de pertenencia es muy fuerte”, destacan. Todos y cada uno están predispuestos a ayudar, sienten orgullo de ser representantes, y quieren que todo el que se vaya, ansíe volver.

En Tulumba se duerme siesta, y las dos entrevistadas aseguran que se disfrutan mucho. “Es algo que nos dicen mucho los turistas, que es un lugar muy lindo para poder descansar, por el silencio total, y que desaparecen los problemas porque todo tiene otro ritmo”, garantizan. Ante la pregunta de qué es lo que más les gusta de su lugar natal, Lucía destaca “el aire que se respira”, las calles empedradas, y la gran panorámica que ofrece el mirador del monumento Cristo de los Granaderos, desde donde se puede ver todo el pueblo. “Es muy tranquilo y no se cambia por nada trabajar en el lugar que uno ama; lo hago con pasión por ese mismo motivo”, indica.

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El monumento del Cristo de los Granaderos, desde donde se aprecia una vista panorámica de todo el pueblo (Crédito: Lucía Bulacios)

Laura resume todo en una frase: “Ser de Tulumba es lo que más me gusta”. Nada le gusta más que contar la historia de la localidad, lo hace de corazón, y con su tonada hipnotiza a los turistas, que la escuchan calmos y atentos para conocer la cultura, las costumbres, los colores y los sabores representativos. “Trato de explicarles con palabras sencillas lo que uno siente, lo que es nuestra forma de vida, y muchas veces me dicen: ‘Tan bonito que es Tulumba, y no se conoce tanto’, y eso es porque por más que trabajemos mucho, quizás hasta ahora nunca habíamos tenido la oportunidad de mostrar todo lo que hace que realmente sea uno de los pueblos más lindos del mundo”, dice, orgullosa y emocionada por la nominación.

En ediciones anteriores del concurso internacional Best Tourism Villages, los distinguidos fueron Caspalá, de la provincia de Jujuy, y La Carolina, de San Luis, por valorizar sus paisajes y por su diversidad cultural y natural. Todavía no está confirmado cuándo se anunciarán los ganadores del 2024, pero mientras tanto, disfrutan de este presente, donde empiezan a cosechar los frutos de años y años de esfuerzo. “Cada uno de las personas que están en turismo le ponen el alma, es un trabajo mancomunado de toda la comunidad, porque antes los turistas venían a merendar y estaba todo cerrado, no les podíamos ofrecer los servicios básicos para que se sientan como en su casa, que puedan ir a una peñita, y con el paso del tiempo todo eso se fue construyendo; hoy en día el que llega tiene hospedajes para elegir, variedad de lugares dónde comer, ya está todo organizado y listo para que Tulumba pueda brillar en todo su esplendor”, proyecta la guía tulumbana.

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