4 de octubre de 2021

Declararon monumento histórico nacional al Instituto Alvear

Fue una decisión unánime de la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos. Un repaso por una institución cuyas suntuosas instalaciones esperan una recuperación definitiva.

La semana pasada el ex Instituto Alvear fue objeto de un  reconocimiento importante: recibió la declaración de monumento histórico nacional por iniciativa de la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos. Se trata de un espaldarazo para las instalaciones, ubicadas en el barrio Los Laureles, que esperan por una reconversión definitiva que permita una conservación adecuada y una refuncionalización de cara al conjunto de la sociedad.

El lujanense Andrés Mage integra la Comisión que por unanimidad otorgó la declaración: “En lo personal es un sueño que el Instituto Alvear sea monumento histórico nacional. Las diferentes facetas históricas que tuvo el instituto fueron muy importantes al momento de decidir la declaración, considerando además los aspectos arquitectónicos y sociológicos del lugar”, indicó a EL CIVISMO.

En el mismo sentido, expresó que en el Instituto Alvear “tuvieron origen o transcurrieron hechos de carácter histórico, institucional y éticos que por sus consecuencias transcendentales resultan fundamentales para la identidad cultural de la Nación”. Agregó que “su preservación y presencia física -comprendiendo su entorno- tiene por finalidad transmitir valores trascendentes que deben reafirmarse, cultivarse y ser dados a conocer a las generaciones futuras”.

En términos históricos, el Instituto Ángel Torcuato de Alvear fue inaugurado el 29 de septiembre de 1928. El acto, que por razones climáticas debió postergarse una semana, contó con la presencia del entonces presidente de la nación, Marcelo T. de Alvear. Las crónicas periodísticas de aquel hecho señalan que las autoridades políticas y religiosas llegaron al lugar en una formación ferroviaria especial de la actual Línea Sarmiento. Allí esperaba el intendente Federico Fernández de Monjardín. “Previo los saludos de la concurrencia se trasladó al interior del instituto, procediéndose a su inauguración, pronunciándose varios discursos. Se recorrieron las instalaciones del nuevo establecimiento”, describe la crónica. Aquella visita presidencial se trasladó luego a la ciudad, donde Alvear recorrió el museo colonial a cargo de Enrique Udaondo y una reunión final en la Palacio Municipal antes de su regreso a Capital.

Durante décadas el Instituto Alvear representó un modelo -hoy caduco- marcado por el denominado sistema de patronato de menores. Funcionó como asilo para niños huérfanos y pobres, destinado a la enseñanza agrícola. Es decir, un típico lugar cerrado anclado en la mentada disciplina del trabajo, como otros que proliferaron durante las primeras décadas del siglo, varios de los cuales se ubicaron en territorio lujanense y tuvieron abordajes específicos, como las colonias de salud mental en Torres y Open Door o el Ramayón en cercanías de Jáuregui.

La concreción del instituto fue posible gracias a la donación del matrimonio conformado por María Unzué de Alvear y Ángel Torcuato de Alvear, apellidos vinculados a las clases pudientes de Buenos Aires y a la Sociedad de Beneficencia de su época. La construcción del instituto tuvo lugar en un predio de unas 600 hectáreas dominadas por un imponente edificio central. Así funcionó durante 80 años.

Avanzada la década del 60’, su historia pasó a vincularse fuertemente con la creación de la Universidad Nacional de Luján, en una relación que todavía resta terminar de afianzar. La ley de creación de la casa de altos estudios estipulaba el traspaso a su nombre del Instituto Álvear, disposición ratificada en la nueva disposición que con el retorno de la democracia dispuso la reapertura de la UNLu. Si bien parte de las tierras cedidas hicieron posible la construcción de su sede actual, la transferencia total a favor de la universidad es todavía algo pendiente.

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