MEDIOS

4 de septiembre de 2013

LA LEY DE MEDIOS: LA AUDIENCIA PÚBLICA COMO PASO PREVIO A LA DECISION DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA

Confieso que nunca estuve totalmente a favor de la ley de medios, aunque algunas definiciones he apoyado,

LA LEY DE MEDIOS: LA AUDIENCIA PÚBLICA COMO PASO PREVIO A LA DECISION DE LA CORTE SUPREMA DE JUSTICIA


 


Confieso que nunca estuve totalmente a favor de la ley de medios, aunque algunas definiciones he apoyado, sobretodo aquellas que permiten que puedan ingresar a la actividad de radiodifusión los sectores que hasta el momento fueron históricamente relegados. Me refiero a los pequeños radiodifusores, ese sector que todavía se encuentra atomizado y que lucha denodadamente por integrarse y desarrollarse en un medio que siempre lo ha postergado. Pensé que eso tenía que ver con la pluralidad de voces, con el ingreso sin condicionamientos a la actividad, con la desconcentración de medios y fundamentalmente, con la posibilidad de que los pequeños radiodifusores que brindan servicios locales, la mayoría de ellos en condiciones adversas, puedan vivir de su trabajo.


 


También he creído, y todavía tengo esperanzas de que así sea, que la sanción de la ley de medios provocaría que, de una vez por todas y de manera definitiva, se termine con la escandalosa clandestinidad que se observa en la actividad, sobretodo en el sector  de frecuencia modulada de baja potencia, generadora de competencia desleal frente a quienes con gran esfuerzo vienen manifestando desde hace años su voluntad de ajustarse a derecho, respondiendo a todas y cada una de las convocatorias de AFSCA para poder operar sus servicios en condiciones de legalidad.


 


Se me ocurre que ambas cuestiones, la posibilidad que la ley le otorga al sector hasta ahora más desprotegido de la actividad y las acciones directas contra la clandestinidad en la actividad, han sido dos premisas que valía la pena apoyar, y, en lo personal, no he dejado de apoyar estos postulados.


 


He pensado y lo sigo haciendo, que la concentración de medios en manos del grupo Clarín o de cualquier otro me parece excesiva (aunque no ilegal),  y que me generan simpatía los gobiernos que enfrentan a los sectores de poder económico.


 


Entonces, me ha parecido que la ley de medios constituía un desafío que merecía ser apoyado, aunque me generara muchas dudas la forma desmedida e intempestiva  con que el gobierno intentaba poner de su lado a la población en esta lucha a todo o nada contra el grupo Clarín.


 


Pero tambien pensaba, y ahora puedo confirmar mis dudas, que esa  lucha declamada por el oficialismo podía esconder el verdadero motivo de esa supuesta epopeya, y era que se intentaba suplir un monopolio privado (aunque creo que Clarín compite en un régimen de competencia con otros medios, y si tiene posición dominante es porque ha hecho inversiones para optimizar sus actividades) por un monopolio estatal.


 


 


Sea como fuere, el intento de debilitar a Clarín y construir medios alternativos puede ser, no voy a negarlo, un paso a la democratización, pero tambien puede ser un intento de disciplinar a todos aquellos medios que por diferencias ideológicas o programáticas tienen una visión diferente a la que tiene el oficialismo en materia económica y política.


 


Pero lo cierto es que ahora se ha producido una audiencia pública previa a que la Corte Suprema defina la constitucionalidad o no de los artículos de la ley que han provocado el enfrentamiento entre el oficialismo y el grupo Clarín. Y lo que ahora creo entender, luego de cuatro años de idas y vueltas, es que la ley de medios ha resultado un instrumento  de política hegemónica. Y creo tambien que ha mucha gente le ha pasado lo mismo, aún teniendo posiciones claras a favor de la ley.


 


Y creo que allí está el núcleo fundamental de la disputa y de la imposibilidad de que todavía el oficialismo no haya podido sacar de la cancha al grupo Clarín: Un sector intermedio de la sociedad, que podía haber respaldado la ley de medios, fue alejado por la demostración de fuerza categórica y exageradamente confrontativa  que hizo el gobierno para imponer día a día sus objetivos.


 


Si cada uno de nosotros repasa lo que ha venido ocurriendo desde la sanción de la ley de medios hasta nuestros días, le resultará difícil no tener dudas. Hoy, quienes apoyan a rajatabla la ley de medios, es muy posible que estén convencidos que en la Argentina debe haber una sola voz, que es la voz del gobierno, y creo, firmemente, que es una pretensión imposible.


 


No he podido percibir en todos estos años, una sola señal dirigida a la democratización de la actividad,  de la diversidad de voces, porque me parece que el oficialismo se ha encargado muy bien de hacerme saber cuales son sus verdaderos objetivos.


 


Hoy puede afirmarse, sin temor a la equivocación, que el gobierno nacional ha destinado cifras millonarias  para construir una red de medios propios. Pero aún así, no han logrado crear medios de impactos masivos, y aunque le duela al oficialismo, habrá que reconocer que los medios más vistos, leídos y escuchados, son los que se mantienen alejados de las preferencias del oficialismo.


 


Y no hay ley que pueda reemplazar la construcción diaria de un medio.


 


Al fin y al cabo, lo que la Corte debe decidir es si la ley de medios es solo una mala ley o si es también inconstitucional. Si solo fuera una mala ley, como afirma el periodista Morales Solá, el conflicto será del Congreso, que deberá modificarla en algún momento. Si, por su parte, fuera inconstitucional, será la Corte Suprema la que deberá suprimir aquellos artículos que violan lo establecido en la Constitución.


 


 


Septiembre de 2013.

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